Choque Cultural

Son muchas las circunstancias que llevan a una persona a dejar su país. Unos salen voluntariamente, otros se ven forzados a hacerlo por amenazas o razones políticas. Otros más van en busca de mejores oportunidades laborales, económicas o de estudios.

Inicialmente, este desplazamiento, puede comenzar como una aventura o meta a lograr, la cual permite conocer personas nuevas, lugares nuevos, otra cultura, idioma y entorno social, e incluso en algunos casos salvaguardar la vida pero frecuentemente después de un tiempo la ilusión por lo novedoso pasa; es entonces que algunas personas pueden experimentar alteraciones emocionales: síntomas depresivos, de ansiedad, problemas físicos y psicosomáticos. Y es que las consecuencias de la migración pueden ser dolorosas o confusas para unos, mientras que para otros no, dependiendo de la identidad de la persona migrante, de su capacidad para soportar el estrés continuo, la cultura de procedencia y sus recursos personales para elaborar el duelo por aquello que se ha dejado. De estos factores, así como de sus experiencias previas de vida, dependerá la adaptación a la cultura de arribo.

Será más estresante y mucho más difícil la adaptación para aquéllos quienes deben bajar su nivel y calidad de vida, o bien desempeñar trabajos por debajo de sus capacidades y nivel de estudios realizados, o que encuentran dificultades para conseguir sus documentos, un espacio para vivienda y trabajo, que no dominan el idioma y en consecuencia tienen problemas laborales y comunitarios. Además para muchos, existe el temor constante a ser deportados y no cuentan con un apoyo psico-social que les permita controlar sus niveles de estrés.

Estas personas viven en una situación de agobio social y ambiental continuo. Al no tener un sistema de apoyo adecuado, se ven afectados y en no pocas ocasiones atraviesan crisis de angustia, depresión, rabia, culpa, desespero, confusión, aislamiento, insomnio, dificultad para la concentración e irritabilidad. Las personas pueden también presentar síntomas físicos como dolor de cabeza, dolor de espalda, piernas, problemas en los riñones y problemas hormonales entre otros.

Para algunas personas esta experiencia entre lo desconocido/excitante y lo desconocido/amenazante (al tratarse de un ambiente no conocido difícil de controlar) puede equivaler a vivir como “en el limbo”, entre el peligro y/o dificultades que dejaron atrás y la seguridad que buscan en un espacio totalmente ajeno, en el cual la inserción social parece incluso imposible.
Superar estos sentimientos de ambivalencia requiere de un trabajo profundo en el cual los recursos personales deberan moverse orientados a la resignificación de la experiencia migratoria (que incluya los elementos esperados, los que son parte de la fantasia y los que son parte de la realidad que afrontan en lo cotidiano), de tal forma que dicha experiencia ofrezca un escenario más positivo que permita dar un giro hacia el proceso de adaptación.
Ya se ha mencionado que estos cambios requieren que la persona haga uso de sus recursos personales, que entre otros factores incluyen la capacidad de elaborar sus duelos (afrontar de manera sana las pérdidas físicas o simbólicas).

En palabras de Josefa Achotegui “el duelo es un proceso de reorganización de la personalidad que tiene lugar cuando se pierde algo significativo para el sujeto”.  En la experiencia migratoria la elaboración de duelos es un buen primer paso para iniciar el proceso de adaptación. Los duelos inconclusos impedirán la inserción social en gran medida pues con frecuencia se recurrirá al recuerdo por lo perdido y a la nostalgia por el pasado evadiendo el contexto de realidad actual en el cual vive el migrante. El migrante inevitablemente afrontará diversos duelos en la medida que ha perdido contacto con la familia, amigos, tierra natal, posición social, lengua, grupo étnico y en cierta medida su identidad se ve afectada.
Las consecuencias de dichas pérdidas son dolorosas y confusas para muchos. Cuando las personas atraviesan por este desarraigo entran en estado de shock pues no están cercanos a todo lo que representaba sus raíces y su seguridad.  Es este periodo el que los teóricos han llamado choque cultural y para superarlo es necesario tomar conciencia de que es un proceso inevitable conformado por varias etapas de cambio.  Si se logra que la persona visualice el proceso de choque cultural y su origen, se sentirá comprendida en mayor medida y dejará de percibirse como en un “laberinto sin salida”.

Para entender mejor el proceso de choque cultural podemos situarnos en un análisis de un proceso mayor del cual el choque cultural conforma solo una etapa. Tal proceso es el de adaptación que incluye las distintas etapas de la experiencia migratoria.

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